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Cuando la esperanza agoniza, Dios se hace presente...

  • 18 feb 2025
  • 2 min de lectura

Actualizado: 20 feb 2025

Esta es mi historia, para quien lo lea, puede ser algo común, algo que suele pasar a un cierto porcentaje de mujeres en el mundo, pero para mi, es un antes y un después de mi vida normal.


Hace un año atrás, descubrí que estaba embarazada, por demás está decir que era un bebé anhelado, esperé tres años para poder materializar mi sueño de la maternidad, entre lágrimas y sonrisas de felicidad, comencé a soñar lo que sería el futuro, llena de expectativas y curiosidad de lo que sucedería con el pasar de los meses.


Aproximadamente dos semanas después de aquella prueba positiva de embarazo, mi sueño se acabó abruptamente, me encontré en la sala de emergencia de un hospital a punto de morir, ese día me despedí del ser que más he amado sin ni siquiera conocer su rostro, Dios se llevó de mis brazos lo que tanto había pedido, los días más oscuros que una persona puede vivir, siempre están relacionados con pérdidas, sea de cualquier tipo, sentimental, física e incluso espiritual.


Debo reconocer que mi fe en Dios por un momento me abandonó, no entendí el ¿porqué? y muchos menos el ¿para qué? de ese suceso, me llené de cuestionamientos, de tristeza y de una culpa que jamás había experimentado, pero en todo ese proceso me di cuenta el papel que juegan las personas que están en nuestro entorno en los momentos difíciles, conocí más a mi esposo, sentí que por primera vez, alguien que está unido a mí por amor y no por lazos de sangre, sintió el mismo dolor que yo; también aprendí que las personas que no conocen a Dios de verdad, nunca sienten ni siquiera empatía por ti, recordé la importancia de tener cerca a mi familia y lo más importante y esencial, cuando la esperanza agoniza, Dios se hace presente para reanimarla.


Después de un año, he aprendido el porqué Dios me llevó por esa situación, para reafirmar tres cosas importantes que los cristianos a veces olvidamos:

  1. Su soberanía: Él da y él quita, pero lo hace para perfeccionar nuestra fe.

  2. El tiempo: los sueños terrenales están dictados por el creador, que en su sabiduría los cumple cuando estamos preparados para recibirlos.

  3. Su amor: así como Dios nos ama sin importar nuestra condición (y nos perdona cuando nos arrepentimos de corazón), de la misma forma debemos amarlo tal y como Jesús lo resumió en los evangelios.


    Ahora quiero dirigir este párrafo a las personas que leerán esto, la situación que estés pasando en este preciso instante, está siendo controlada y observada por el Dios todopoderoso, el que da y el que quita. Mientras estemos en esta tierra, el dolor por las pérdidas, siempre estará presente, pero Dios también lo está.


    Y recuerda, cuando la esperanza agoniza, Dios se hace presente. hoy, continuo con la esperanza de lo que Dios nos dará a mi esposo y a mí, algo que Dios me mostró con mis ojos espirituales y que será el más fiel cumplimiento de sus promesas.


 
 
 

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